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Expertos advierten presión sobre inflación, transporte y eventual alza en alimentos.
NUEVA YORK — El precio del petróleo crudo superó los 110 dólares por barril el lunes, alcanzando niveles no vistos desde 2022 y trasladando rápidamente la tensión de la guerra con Irán al bolsillo de los consumidores.
El primer impacto ya se percibe en la gasolina. En Estados Unidos, los conductores pagaban en promedio 3.48 dólares por galón de gasolina regular, frente a 2.98 dólares antes de que comenzara la guerra. Desde que Estados Unidos e Israel atacaron a Irán, los precios han aumentado cerca de 17%.
La diferencia entre estados es notable. En California, donde algunas refinerías han cerrado en años recientes y el estado depende de importaciones de gasolina desde Asia, el precio alcanzó 5.20 dólares por galón, un incremento de 12% respecto a la semana pasada. En contraste, Louisiana, con producción y refinerías propias, registraba un promedio de 3.04 dólares.
El encarecimiento no se limita al combustible para automóviles. El diésel, clave para el transporte de mercancías, subió a 4.65 dólares por galón, un aumento de 23% desde el inicio de la guerra.
“No se puede subestimar el enorme impacto que esto representa para los sectores de logística, transporte y agricultura”, escribió Patrick De Haan, analista de petróleo en GasBuddy, en X el lunes.
Las presiones también se amplifican por el cierre efectivo del estrecho de Ormuz, ruta marítima por donde pasa una quinta parte del petróleo crudo y el gas natural licuado del mundo. El aumento en los costos energéticos se refleja en el transporte marítimo, donde el combustible representa entre 50% y 60% del costo operativo, según Patrick Penfield, profesor de prácticas de cadena de suministro en la Universidad de Syracuse.
“Cuando los precios del combustible comienzan a subir, todo empieza a desacelerarse”, dijo Penfield. “Los barcos reducen la velocidad, los camiones reducen la velocidad. La gente es menos propensa a enviar mercancía por vía aérea. Y eso termina afectando la economía cuando sube el precio del combustible”.
El impacto también podría llegar a los hogares. El gas natural, utilizado para calefacción y cocina, ya registra presión en Europa, donde el precio de referencia subió 75% desde el inicio del conflicto, según datos de Intercontinental Exchange.
Ese encarecimiento podría trasladarse a productos derivados del gas natural, como insumos petroquímicos para fabricar plástico, caucho y fertilizantes nitrogenados.
Los alimentos también podrían encarecerse si el alza energética se prolonga. David Ortega, profesor de economía y política alimentaria en la Universidad Estatal de Michigan, señaló que el impacto en supermercados podría tardar en reflejarse, pero cambiaría si los precios permanecen elevados durante un mes o más.
“Los alimentos llegan al supermercado con diésel, ya sea en camión o en barco”, explicó Ortega.
En paralelo, economistas de JPMorgan estiman que el aumento del petróleo —que en Estados Unidos ha subido aproximadamente 42% desde niveles previos a la guerra— podría empujar la inflación de 2.4% en enero a 3% o más en los próximos meses.
Gregory Daco, economista jefe de EY-Parthenon, calculó que el encarecimiento de la gasolina podría llevar la inflación mensual a 1% en marzo, el mayor aumento en cuatro años.
“Cuanto más tiempo dure esto, mayor será el impacto”, advirtió.
El efecto también podría sentirse en el consumo. Mark Mathews, economista jefe de la Federación Nacional de Minoristas, explicó que los hogares estadounidenses gastan en promedio 2,500 dólares al año en gasolina. Un aumento de 10 dólares semanales podría obligar a recortar gastos en ocio o restaurantes.
Sin embargo, algunos analistas consideran que empresas y minoristas podrían absorber temporalmente los mayores costos si el conflicto resulta breve.
“Si el conflicto es solo a corto plazo, las empresas lo absorberán”, señaló Ed Anderson, profesor de gestión de cadena de suministro en la Escuela de Negocios McCombs de la Universidad de Texas.


