¡Síguenos!La decisión eleva la incertidumbre económica para empresas de México, Canadá y Estados Unidos.
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Exactamente seis años después de la entrada en vigor del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), el gobierno de Donald Trump anunció el miércoles que planea poner fin al pacto comercial que durante este periodo ha sido visto como una fuerza de estabilidad para las tres mayores economías de América del Norte.
En lugar de renovarlo, Estados Unidos abrirá un periodo de diez años de negociaciones para modificar el acuerdo, según explicó a la prensa un alto funcionario del gobierno de Trump. Entre los escenarios que contempla Washington está la posibilidad de alcanzar acuerdos bilaterales por separado, uno con México y otro con Canadá.
La medida, que el gobierno había venido anticipando desde hacía meses, marca un giro de fondo para Trump, quien en 2018 negoció y firmó el T-MEC tras retirar a su país del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Un año después, el propio presidente calificó el acuerdo en redes sociales como “el mejor y más importante acuerdo comercial jamás realizado por Estados Unidos”. Ahora, siete años más tarde, su administración sostiene que el tratado no cumplió plenamente con el objetivo de reequilibrar el comercio entre los tres países.
Durante una conferencia de prensa, un alto funcionario afirmó que la prioridad del presidente ha sido el déficit comercial de Estados Unidos, especialmente con Canadá y México. Según expuso, el T-MEC sí modernizó las reglas del intercambio regional, pero no consiguió frenar el aumento de los déficits comerciales de Washington con sus dos socios durante el gobierno de Joe Biden.
“Cuando el T-MEC fue aprobado hace seis años por una mayoría bipartidista y con el visto bueno del presidente, la idea era modernizar el acuerdo y lograr también un reequilibrio. El acuerdo sí logró modernizarse”, señaló el funcionario. Sin embargo, añadió que en el terreno del reequilibrio “nuestros déficits comerciales tanto con México como con Canadá se dispararon durante el gobierno de Joe Biden”.
El eventual colapso del T-MEC, considerado por distintos actores como uno de los pocos pilares de estabilidad que permanecían en el comercio internacional durante la era Trump, añade un nuevo foco de presión para empresas pequeñas y grandes de los tres países. Aun así, la Casa Blanca aseguró que no busca extender las conversaciones durante los diez años completos, y recordó que las revisiones periódicas forman parte del propio diseño del acuerdo.
El funcionario explicó que la llamada “revisión conjunta” buscaba evitar que el tratado continuara vigente “en piloto automático” durante décadas, y garantizar que cualquier pacto entre México, Canadá y Estados Unidos mantuviera como prioridad los intereses estadounidenses. En paralelo, desde el arranque de su segundo mandato, Trump ha colocado los aranceles globales en el centro de su política económica y ha cuestionado, junto con sus colaboradores, las exenciones arancelarias para los productos que cumplen con el T-MEC, uno de los componentes esenciales del tratado.
El miércoles también surgieron señales de una tensión más específica entre Washington y Ottawa. El alto funcionario expresó su desacuerdo con la decisión adoptada por Canadá el año pasado de aplicar medidas de represalia frente a los aranceles impulsados por Trump. En contraste, México, que no impuso represalias arancelarias, mantiene conversaciones con la Casa Blanca sobre el futuro del acuerdo, según otro funcionario de la administración.
Del lado canadiense, Dominic LeBlanc, ministro responsable de las relaciones comerciales con Estados Unidos, informó en un comunicado que ese mismo miércoles se reunió con el Representante Comercial de EEUU, Jamieson Greer, y reiteró el apoyo “inquebrantable” de Canadá al T-MEC. “Canadá afronta estas conversaciones desde una posición de fortaleza y con el objetivo de preservar y reforzar una de las relaciones comerciales más exitosas del mundo”, declaró.
LeBlanc añadió una crítica apenas velada a Washington al subrayar que, en un momento de incertidumbre económica mundial, Canadá es “un socio estable, fiable y de confianza”. También recordó que el acuerdo “sigue plenamente vigente hasta 2036 y puede renovarse en cualquier momento por otro periodo de 16 años”.
Desde su implementación en 2020, el T-MEC ha impulsado de forma notable el comercio trilateral. El comercio total de bienes intrarregional pasó de 1.07 billones de dólares en 2020 a más de 1.63 billones de dólares en 2024, de acuerdo con estudios de la Brookings Institution.
En Estados Unidos, la reacción empresarial ha sido mixta. El American Automotive Policy Council destacó que la integración económica de América del Norte genera ventajas competitivas para la región, aunque advirtió que los fabricantes estadounidenses enfrentan una desventaja frente a importaciones de países sujetos a un arancel fijo del 15% y sin reglas de origen comparables. El organismo pidió una solución rápida y duradera que ofrezca certidumbre de largo plazo para las inversiones automotrices.
Por su parte, la Business Roundtable, que agrupa a grandes corporaciones estadounidenses como JPMorgan Chase, Home Depot, Hilton y PepsiCo, sostuvo que el acuerdo ha dejado “importantes beneficios económicos”. El grupo empresarial consideró que los tres gobiernos aún pueden alinear mejor sus políticas frente a prácticas comerciales desleales, reducir fricciones regulatorias y económicas dentro de la región y fortalecer la posición de América del Norte frente a economías que no operan bajo reglas de mercado. Su postura fue clara: fortalecer y ampliar el T-MEC.


