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Su ubicación ártica redefine la seguridad entre América del Norte y Europa
Estados Unidos, Rusia y China observan de cerca un territorio autónomo danés.
Groenlandia, la isla más grande del mundo, se ha convertido en un punto crítico de la estrategia de seguridad internacional debido a su posición por encima del Círculo Polar Ártico. El aumento de las tensiones geopolíticas, el calentamiento global y los cambios en la economía mundial han colocado a este territorio en el centro del debate global sobre comercio, defensa y control territorial.
El interés de Estados Unidos, expresado abiertamente por el presidente Donald Trump, se enfoca en asegurar el control de un territorio rico en minerales y clave para proteger los accesos del Ártico y el Atlántico Norte hacia América del Norte. Sin embargo, Groenlandia es un territorio autónomo de Dinamarca, aliado histórico de Washington, que ha rechazado las propuestas estadounidenses. El propio gobierno groenlandés también se ha opuesto, subrayando que el pueblo groenlandés decidirá su propio futuro.
Con cerca del 80% de su superficie dentro del Círculo Polar Ártico, la isla alberga a unas 56,000 personas, en su mayoría de origen inuit, una población que durante décadas permaneció al margen de la atención internacional.
Desde la Segunda Guerra Mundial, la ubicación de Groenlandia ha sido estratégica. Estados Unidos ocupó la isla para evitar que cayera en manos de la Alemania nazi y para proteger rutas clave del Atlántico Norte. Tras la Guerra Fría, el Ártico fue una zona de cooperación, pero el adelgazamiento del hielo ha reactivado la competencia por nuevas rutas comerciales y por el acceso a recursos minerales.
En 2018, China se autodefinió como “estado cercano al Ártico” y planteó la creación de una Ruta Polar de la Seda. El entonces secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, rechazó esa postura con una advertencia directa:
“¿Queremos que el Océano Ártico se transforme en un nuevo Mar de China Meridional, plagado de militarización y reclamaciones territoriales en competencia?”
Rusia, por su parte, ha reforzado su presencia militar en la región. Desde 2014, restauró infraestructura soviética y abrió nuevas bases árticas. Las preocupaciones europeas se intensificaron tras la invasión a gran escala de Ucrania en 2022. En marzo, el presidente Vladímir Putin afirmó en Murmansk:
“Rusia nunca ha amenazado a nadie en el Ártico, pero seguiremos de cerca los acontecimientos y montaremos una respuesta adecuada aumentando nuestra capacidad militar y modernizando la infraestructura militar”.
Estados Unidos mantiene operaciones en la Base Espacial Pituffik, en el noroeste de Groenlandia, activa desde 1951 bajo el Tratado de Defensa con Dinamarca. La instalación apoya tareas de advertencia de misiles, defensa y vigilancia espacial para Estados Unidos y la OTAN, además de resguardar la estratégica Brecha GIUK.
Dinamarca también ha fortalecido su presencia. Anunció un acuerdo de 14,600 millones de coronas (2,300 millones de dólares) para mejorar la vigilancia con buques árticos, drones de largo alcance y capacidad satelital. Todo ello ocurre mientras el potencial de los minerales de tierras raras de Groenlandia despierta un interés creciente, pese a las dificultades climáticas y ambientales para su explotación.


