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#Puebla, escuelas de tiempo completo y la ruta de Vasconcelos

La evocación al gran reformador de la educación en la postrevolución es inevitable, cuando se habla de las escuelas de tiempo completo.
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La decisión del gobernador Miguel Barbosa Huerta de apoyar, con recursos económicos y respaldo institucional, las 661 escuelas de tiempo completo, para que no desaparezcan, tiene efectos sociales profundos e inmediatos y de ahí que congregue también el beneplácito, incluso, de los detractores más ácidos del actual gobierno.

Un debate aparte merecerá, con críticas fuertes y fundamentadas, la determinación de la Secretaría de Educación Pública (SEP) federal de eliminar el Programa Escuelas de Tiempo Completo (PETC), que se anunció sin preparación ni advertencia, en la edición del Diario Oficial de la Federación (DOF) del pasado 1 de marzo.

En el estado de Puebla, 93 mil 325 estudiantes de nivel básico (preescolares, primarias generales, indígenas, escuelas de educación especial, entre otras) hubieran perdido de tajo la atención que reciben, de un cuerpo docente de 3 mil 400 maestros y maestras, de entre 6 a 8 horas, para apoyo extracurricular y de humanidades, artísticas, culturales y de educación física, además de alimentación.

Ese es también otro tema, si hay una manera exitosa de combatir la desnutrición infantil en el estado, es a través de este programa, pues en muchos de los hogares de estos menores no hay los recursos para procurarles las tres comidas indispensables.
No será un gasto menor. En el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) para el Ejercicio 2021, el PETC destinó para Puebla más de 177 millones de pesos.
Aseguró Miguel Barbosa que las finanzas sanas de la entidad permitirán esa erogación que, de cualquier manera, no estaba contemplada y que ahora demanda el ajuste programático del gasto.

Se hará. No lo dudó el mandatario. Y hay que decirlo: mientras los detractores se detienen en las anécdotas, este tema tiene grandes alcances, pero no tienen visión para ese análisis.

La educación de tiempo completo permite también que los padres de las familias poblanas de esos más de 93 mil niños y niñas salgan a trabajar en turnos de al menos 8 horas.

Hay que considerar también que muchas de esas familias no son de composición tradicional. Se trata de núcleos en los que solamente hay uno de los dos padres, casi siempre la madre o algún otro miembro que es el pilar económico.
También muchas de esas familias están muy por debajo de los parámetros de bienestar.
Si los hijos no están en esa modalidad escolar, seguramente el proveedor o proveedora no podría salir a trabajar, cumplir con su jornada laboral y hasta más, para procurar el sustento.

Este programa, que se creó en 2008 con apenas 45 escuelas en Puebla, se ha venido incrementando, con fuerza a partir de 2015, hasta llegar a los actuales 661 planteles del PETC en la entidad.

Luego de la decisión de Barbosa en Puebla, se han sumado -hasta el cierre de esta entrega- otras 11 entidades con esta medida.

Si se revisan los años de la implementación del programa, se advierte que se han dado con distintos partidos en el poder federal.
Porque no es un tema que pueda partidizarse, ni convertirse en munición de debates políticos. Se trata de los niños y las niñas del estado y del país.
Esta modalidad de tiempo completo es un sueño largamente acariciado en el país. Es réplica en menor escala de esquemas educacionales del Primer Mundo.

La evocación al gran reformador de la educación en la postrevolución es inevitable, cuando se habla de las escuelas de tiempo completo.

A José Vasconcelos Calderón se debe el progreso del sistema educativo nacional, en los años de la escasa visión de Estado de los generalotes que gobernaban.

Vasconcelos, referencia por cierto de esta y anteriores administraciones federales, fue el verdadero impulsor del sistema educativo nacional, con educación indígena, rural, técnica y urbana.

Fomentó el intercambio cultural, la construcción de bibliotecas, las normales, rurales y urbanas, y la creación de Casas de Pueblo, hoy Casas de Cultura.

En los tiempos en que vivió (1882-1959) el también ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la época de un Estado Mexicano incipiente, eran impensables las escuelas de tiempo completo.
Pero había ya trazado la ruta el gran educador nacional.
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